Fondos Buitre

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De un tiempo a esta parte han empezado a desembarcar en España los denominados en la jerga común fondos buitre. En lenguaje más técnico: fondos distressed.

Por ello, quizás empiecen a sonarte nombres como Hemisphere, Donegal International o Anchorage.

 

En el artículo de hoy, te explicamos que son. Y ya te adelantamos que sí, son lo que parecen.

 

¿Qué es un fondo buitre?

Este término se emplea para hacer referencia a fondos de inversión, fondos de capital riesgo o conjunto de inversores que invierten en empresas que se encuentran en una delicada situación financiera, generalmente, aquellas que están muy endeudadas o al borde la quiebra, y necesitan aligerar sus balances del lastre que supone dicha deuda.

 

Por supuesto, surge de inmediato una pregunta: ¿qué es lo que mueve a este tipo de fondos a adquirir empresas en una situación tan ruinosa?

Obviamente, obtener beneficios. Pero, ¿cómo es posible obtener beneficios de una empresa que está al borde de la quiebra?

 

El funcionamiento es relativamente sencillo: como consecuencia de su situación económica (la probabilidad de quiebra de estas empresas es muy alta), el valor de sus activos puede llegar a caer al 20% de su valor nominal o precio de mercado.

El objetivo de los fondos buitre es comprar esos activos al precio más bajo posible, y normalmente, por debajo de dicho precio de mercado.

 

Utilizando un símil, se compara los activos de estas empresas con la carroña, ya que su calidad (desde el punto de vista económico) es pésima. No obstante, su precio se encuentra a niveles muy atractivos.

Por ejemplo, en el caso de España, después de la bajada de precios que ha experimentado el mercado inmobiliario (en algunas zonas de incluso un 50-60%), se trata de un momento perfecto para este tipo de fondos oportunistas.

 

Evidentemente, al comprar por debajo del precio de mercado, las posibilidades de obtener beneficios son mayores.

Además, estos fondos están integrados por grandes expertos en gestión de créditos fallidos, gestión de inmuebles, gestores financieros, etc.

Una vez adquirida, si la empresa es capaz de reflotarse y generar dinero, el objetivo del fondo es venderla en un corto periodo, de 12 a 24 meses, obteniendo un jugoso beneficio que se calcula en torno al 20% anual.

 

Y, ¿son tan malos como los pintan?

En realidad, no son ni buenos ni malos. Todo depende del punto de vista desde el que se analicen.

En definitiva, se trata de instrumentos de inversión  que, como tantos otros, buscan obtener una rentabilidad.

Forman parte del ecosistema económico. Y en todo ecosistema, siempre hay alguien que se ocupa de la carroña. Lo malo es cuando le toca a uno ser la carroña.

 

En todo caso, se trata de unas operaciones financieras altamente especializadas y para un perfil inversor altamente agresivo.