Hablar Inglés: ¿métodos milagrosos?

La adquisición de una segunda lengua es un proceso largo que requiere por parte del alumno compromiso, dedicación y constancia. No son pocas las ocasiones en las que el estudiante no se siente en disposición de cumplir con alguno de esos requerimientos y es entonces cuando los llamados “métodos milagrosos” hacen su aparición en escena, permitiendo que sus creadores hagan su particular agosto.

Los métodos milagrosos en la enseñanza de idiomas no son muy diferentes a las dietas milagrosas que, al igual que las setas en otoño, proliferan año tras año en anticipación a las vacaciones estivales o los sistemas de venta piramidal que, en plena crisis global, prometen hacernos ricos en un tiempo récord. Por más atractiva que resulte la idea de dominar el inglés con precisión shakespeareana en 3 meses estudiando únicamente 200 vocablos, todos, en nuestro fuero interno, somos de sobra conscientes de que tal método no existe.

Si bien hay muchos sistemas orientados a la enseñanza de idiomas, no existe, en mi opinión uno que de manera universal garantice un aprendizaje exitoso en el 100% de los casos. Para que un método funcione, éste debe ser seleccionado en función de las características, capacidades y necesidades del alumno.
Hagamos un repaso de los métodos tradicionales y sus principales rasgos distintivos.

El método de traducción gramatical es probablemente uno de los más ampliamente utilizados a lo largo de la historia.
Está basado en el estudio de reglas gramaticales y traducción de vocabulario y estructuras. Este método ya obsoleto, aunque muy utilizado todavía, resulta tremendamente abstracto y restringe el conocimiento lingüístico a dos de las cuatro destrezas básicas: lectura y escritura.
Su método de corrección limita a los estudiantes a un sistema cerrado de acierto o error que no deja lugar a la creatividad ni a la experimentación, dos piezas clave en el desarrollo lingüístico, privando al lenguaje de su principal objetivo comunicativo y convirtiéndolo en un sistema prácticamente abstracto.

En el método Audio-lingüístico, el alumno escucha y repite estructuras de forma sistemática hasta memorizarlas.
Dejando a un lado el hecho de que el alumno percibe los resultados de este mero ejercicio de imitación como un avance significativo en sus competencias orales, lo cierto es que esto es poco más que una ilusión.
La fonética es una disciplina vasta y compleja que va mucho más allá de la mera producción de palabras, involucrando también las reglas por las que se rige su pronunciación en determinados tramos del discurso afectados por un contexto fónico concreto.
Así, un alumno que ha basado su instrucción en este método, pronunciará cada palabra exactamente como la aprendió en ese tramo concreto del discurso, pasando por alto las variaciones alofónicas que le afectan en un contexto diferente.

De igual modo, al carecer de una base gramatical que sustente sus conocimientos, cualquier variación en la estructura aprendida, resultará en la incapacidad total o parcial del alumno para descodificar el mensaje.

Más moderno es el llamado aprendizaje en comunidad (CLT) en el que los alumnos adquieren un papel más activo, participando en la selección de materiales y la elección de temas.
Se trata de un enfoque que favorece el aprendizaje colectivo tratando de desterrar la figura del docente como única fuente de conocimiento y permitiéndole adoptar el papel de moderador que dirige a los alumnos en la dirección correcta.
Romper la jerarquía alumno-docente crea un ambiente más confortable y por tanto proclive a la adquisición de conocimiento.

Además del enfoque tecnológico, basado en el empleo de las NNTT en el aula, resulta cuando menos curioso el enfoque natural “English Village” que ha despertado gran interés en algunos países.
Este método consiste en situar a los alumnos en un entorno anglófono creado de manera artificial en el que el manejo del idioma resulta indispensable para la comunicación.

El estudiente se traslada a una comunidad lingüística sintética en la que los profesores no están en el aula sino en la calle, en los restaurantes, los bancos, etc…
El resultado de esta inmersión es similar al de una estancia lingüística al uso sin que el estudiante se vea obligado a recorrer grandes distancias.

Tal vez una combinación de todos estos ingredientes en las dosis correctas adaptadas a nuestras necesidades concretas podrían ser la receta del cocktail perfecto que nos permitiese alcanzar los resultados que esperamos. En cualquier caso y con independencia de método que escojamos, hemos de ser conscientes de que ningún sistema dará resultado a menos que estemos dispuestos a ser constantes y concedernos como estudiantes el tiempo necesario para asimilar lo que aprendemos cada día ya que, como reza un antiguo proverbio chino: “Cuéntame y ovlidaré; muéstrame y tal vez recuerde; involúcrame y comprenderé”