EL COSTE DE OPORTUNIDAD – CAÑONES CONTRA MANTEQUILLA??

El coste de oportunidad se puede aplicar no solo en el ámbito de la política económica y el mundo empresarial, sino también dentro de las finanzas personales. El coste de oportunidad es también conocido como el valor de la mejor opción no realizada. Podéis informaros un poco más al respecto en el siguiente enlace: http://es.wikipedia.org/wiki/Coste_de_oportunidad

Este término fue inventado por Friedrich von Wieser en su libro “Teoría de la economía social” del año 1914. El autor retrata este concepto, dentro de un contexto de recursos limitados y muchas oportunidades disponibles, en el proceso de toma de decisiones.

El coste de la oportunidad es aquello a lo que renunciamos cuando tomamos una decisión de tipo económico.

Para poder entender mejor este concepto lo trataré de explicar con un ejemplo: si disponemos de un presupuesto de 5 euros para elegir entre comprar un balón o bien un refresco, se decida lo que se decida, tendremos un coste de la oportunidad. Si decidimos adquirir el balón, habremos renunciado al refresco y viceversa. Esto está basado en el principio de la rentabilidad esperada (el cual se puede resolver matemáticamente con diversos modelos, el más destacado es el “Modelo de Markowitz”, el que podéis consultar en el siguiente enlace: http://www.ciberconta.unizar.es/bolsa/markow2.htm), y parte de que los agentes económicos racionales basan sus decisiones en base al coste o privación de recursos para conseguir la mayor rentabilidad.

  • Decisiones sobre nuestro patrimonio: supongamos que tenemos un derecho sobre una compañía eléctrica, y entre nuestras opciones barajamos mantenerlo para obtener un beneficio futuro por la explotación de la empresa, o bien venderlo para obtener una renta en el corto plazo. Si nuestra decisión consiste en mantener el derecho, el coste de oportunidad sería equivalente al valor recibido en caso de haberlo vendido; y a su vez en sentido inverso, si optamos por vender el derecho, el coste de oportunidad será equivalente al valor actual de las rentas futuras obtenidas por la explotación económica de la electricidad producida por la compañía eléctrica.

  • En el ámbito de las decisiones personales, a menudo se nos plantean situaciones en las que tenemos que escoger. Por ejemplo, supongamos que durante la época de Verano tenemos la opción de irnos al campo con nuestro padres, a la playa con nuestro novio/a, a un campamento con los amigos, o bien al pueblo a visitar a nuestros abuelos; la tendencia general es a escoger aquélla que minimice el coste de oportunidad (escogeremos aquélla opción en la que, en el caso de no realizarla, la decepción/enfado de nuestro acompañante nos salga “más cara”).

 

  • En el caso de las empresas, éstas deben tomar decisiones de inversión y financiación casi a diario, con las que tratan de optimizar los recursos disponibles con el objetivo de maximizar su beneficio privado, por lo que es básico considerar el coste de oportunidad antes de decantarse por una alternativa u otra (un claro ejemplo de ello se produce en las decisiones de inversión, ya que la rentabilidad varía mucho en función de si se hace con recursos propios o bien solicitando un préstamo).

 

  • Los gobiernos como gestores económicos de los bienes y recursos públicos, deberían decidir en qué y cuánto gastar para maximizar los objetivos de la sociedad, teniendo en cuenta la existencia de limitación de recursos para hacerlo. Este caso se asimila a la parábola de “los cañones y la mantequilla” que podéis consultar en el siguiente enlace: http://web.usal.es/~anisi/Tribuna/cagnones%20y%20mantequilla.htm

 

El coste de oportunidad se circunscribe a la propia economía, ya que se basa en el principio de que los recursos son limitados; en muchas ocasiones es objetivo (en el mundo empresarial), pero en otras muchas es subjetivo (política económica y las decisiones personales, ya que ahí entramos en ‘juicios de valor’).

Se hace muy importante, a la hora de valorar este tipo de coste, tener presentes cuales son los objetivos a maximizar, y el valor que tiene para nosotros lo que dejamos de ganar, al no poder realizar la otra alternativa planteada.

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