LAS AGENCIAS DE CALIFICACIÓN DE RIESGO

Las denominadas «agencias de calificación de riesgo» (o agencias de rating) han adquirido gran notoriedad como consecuencia de la crisis económica mundial que nos azota, puesto que parecen tener la llave de la economía mundial.

¿Quién no ha oído hablar de ellas incesantemente en los últimos meses?

Los medios de comunicación publican, día tras día, sus valoraciones, mientras que las empresas, gobiernos e instituciones tiemblan esperando sus conclusiones:

Que si a tal país le han retirado la triple A o que si a tal otro le han bajado a la categoría de bono basura, etc.

Pero, ¿qué son exactamente estas agencias?

En primer lugar, hay que señalar que no son un fenómeno reciente. Su labor comenzó a principios del siglo pasado, cuando en 1909 se hicieron imprescindibles para los inversores que necesitaban alguna referencia sobre las emisiones de obligaciones de las compañías de ferrocarriles de Estados Unidos.

Desde entonces, su poder e importancia fueron creciendo conforme los mercados financieros se desarrollaron, y aumentó la necesidad de contar con información independiente sobre la solvencia de los emisores.

Su función consiste en informar al inversor sobre la situación de las empresas emisoras. El poder de estas agencias es muy alto porque evalúan también la deuda pública de los países, y su opinión sobre ella influye en muchos inversores a la hora de arriesgar su dinero.

 

 Actualmente, las agencias de calificación son empresas privadas (en teoría, independientes) que, por cuenta de un cliente, valoran y califican determinados activos o productos financieros, ya sean de empresas privadas, estados o gobiernos.

Las calificaciones que otorgan valoran el riesgo de impago y el grado de solvencia presente y futura del emisor de dichos productos financieros, para ofrecer un cierto nivel de garantía de que esa empresa o estado será capaz de afrontar el pago de los intereses y la amortización del capital principal en el momento pactado.

Dicho de otra forma, con la valoración o calificación atribuyen un determinado nivel de riesgo a una inversión.

 

Es importante recordar que las decisiones de inversión se basan, fundamentalmente, en dos aspectos: rentabilidad y riesgo.

Y es, precisamente en este punto, donde podemos ver por qué algunos estados encuentran serias dificultades para colocar su deuda.

El hecho es que a igual rendimiento, se elegirá la inversión de menor riesgo; y a igualdad de riesgo, elegiremos la inversión más rentable.

En este punto radica, precisamente, la importancia de la valoración de las agencias de calificación.

 Para realizar estas calificaciones utilizan modelos econométricos en donde emplean diferentes variables (por ejemplo, la cantidad de deuda acumulada, la rapidez en su devolución, etc.), casi siempre elegidas con criterio particular.

 

No obstante, es importante tener en cuenta que las calificaciones no son, ni mucho menos, una auditoría, ni deben ser interpretadas como una recomendación.

Son, “simplemente”, predicciones sobre las probabilidades de que un emisor de deuda cumpla o no con sus compromisos financieros.

En principio, el sistema parece sencillo, y hasta lógico y útil.

 

No obstante, las agencias de calificación de riesgo están actualmente en tela de juicio.

No hay más que recordar la valoración que hacían de ENRON tan solo cuatro días antes de quebrar; la valoración positiva que se hacía de Lehman Brothers al inicio de la actual crisis; o la calificación de las hipotecas subprime.

Son claros ejemplos de mala predicción.

 

Incluso, la propia Comisión de Bolsa y Valores de EE.UU. (SEC) informó de la detección de fallos evidentes en el funcionamiento de diez grandes agencias de calificación, que tenían que ver con “las metodologías y prácticas de calificación”, fallos como, por ejemplo, no tener mecanismos eficaces para impedir que sus calificaciones se filtraran a terceros agentes antes de ser publicadas.

 

Además, estas agencias suelen estar registradas como agencias de periodismo, por lo que, ante la ley, su labor es puramente informativa.

No tienen, por tanto, la responsabilidad de, por ejemplo, una firma de auditoría, que han de mantener una transparencia absoluta en sus informes.

 

Actualmente, hay alrededor de 80 agencias de calificación de riesgo en el mundo, aunque el mercado está dominado, casi oligárquicamente, por tres grandes compañías que controlan casi el 90% del mismo. Las tres son estadounidenses (aunque la tercera también tiene presencia en el Reino Unido). Son las conocidas: 

 

 Esta circunstancia, sumada a la actual crisis económica que afecta muy directamente al Euro, ha llevado a los gobiernos europeos a manifestar la necesidad de crear, al menos, una agencia de calificación europea, para intentar recortar, en la medida de lo posible, la influencia de las tres agencias citadas.

Es inevitable pensar que, al ser las tres estadounidenses, tengan cierta tendencia a reforzar el Dólar (y, en segundo lugar, la Libra) como moneda de referencia mundial frente al Euro.

 

Es, principalmente, la falta de independencia, el lastre que, sobre todo, algunos estados van a tener que afrontar.

 

A continuación, os dejo un gráfico con las diferentes clasificaciones que emplean las tres grandes agencias citadas:

 

Por tanto, y en definitiva, la pregunta es: ¿estas agencias, realmente, estabilizan o desestabilizan?

Cualquiera que sea la respuesta, de lo que no cabe duda es de que estas agencias de calificación son siempre un quebradero de cabeza para los mercados nacionales afectados por una rebaja de rating.

Los políticos de esos estados ponen el grito en el cielo, su economía se resiente y, en definitiva, sus ciudadanos pasan a ser, sin darse cuenta, más pobres en cada subasta, por tener que pagar, con sus impuestos, las deudas públicas más caras.

 

 Siempre nos queda como consuelo la frase de John Maynard Keynes:

 “Si yo te debo una libra, tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo”.

 

 Posdata: Os dejo un enlace a más frases de este autor. No tienen desperdicio:

 Frases de Luigi Keynes

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