¿Examinar o evaluar?

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En un proceso de enseñanza-aprendizaje, lo que permite conocer en qué medida se han desarrollado o alcanzado los niveles de aprendizaje requeridos es la evaluación.

Y precisamente ésta, la evaluación, es sobre lo que quiero hablar hoy, intentando ofrecer un enfoque diferente.

 

 

Tradicionalmente, la evaluación se concibe como la calificación final que un alumno obtiene en una prueba o examen, realizados, por lo general, al finalizar un proceso formativo.

Es decir, es a través de lo cual se pone de manifiesto todo proceso de enseñanza-aprendizaje (EA, en lo sucesivo), siendo además tradicionalmente el patrón que lo orienta.

Este modelo conlleva una consecuencia obvia:

Se enseña y estudia para los exámenes, convirtiéndose así la evaluación o calificación en las dueñas del proceso EA.

 

Examinar se presenta como el mecanismo generalizado y estándar para calificar al alumnado, así como para determinar que se han alcanzado los objetivos propuestos.

Por tanto, el examen es el fin cuando, en vez de eso, debería utilizarse como instrumento que impulse a aprender y enseñar mejor.

 

Y este es el enfoque que analizamos en el artículo de hoy.

Un enfoque desde el que la evaluación esté llamada a ser parte del proceso formativo. Es decir, una herramienta de retroalimentación que contribuya a la orientación, mejora y enriquecimiento continuos del aprendizaje.

 

Quizás se trate sólo de un pequeño matiz semántico pero, en la práctica, hay una notable diferencia.

 

Veámoslo de esta forma:

Realizar un examen supone calificar el nivel de aprendizaje del alumnado, por lo general, mediante una nota numérica. Confirma saberes o ignorancias, pero del mismo poco aprenden tanto docentes como alumnos.

 

Evaluar implica analizar, calibrar, valorar, estimar los conocimientos adquiridos por el alumnado, así como su rendimiento, actitudes y aptitudes.

 

En la evaluación coexisten tres aspectos evaluativos:

  • Evaluación del aprendizaje
  • Evaluación del proceso
  • Evaluación de la materia

 

Evaluar implica:

  • Valorar habilidades intelectuales relacionadas con la comprensión, la aplicación y el razonamiento (comparación, relación de ideas, argumentación, contrastación, etc.).
  • Valorar habilidades complejas de resolución de problemas nuevos y la creación y producción de conocimiento
  • Valorar las habilidades sociales relacionadas con el trabajo en equipo, la colaboración, la empatía y las actitudes de respeto, de escucha activa, de tolerancia, compromiso y responsabilidad de grupo

 

Evaluar al alumnado conlleva también que los docentes se avalúen a sí mismos. La evaluación pone de manifiesto no sólo en lo que falla el alumnado, sino también qué falla en la metodología docente utilizada.

 

Por todo ello, evaluar versus examinar conlleva unas indudables ventajas:

  • Fomenta el desarrollo de capacidades, teniendo en cuenta a la persona y al contexto
  • Adquiere un carácter integrador, individualizado y personalizado
  • Participan todos los integrantes del proceso EA, generando así aprendizajes tanto para docentes como para estudiantes
  • Antepone el proceso al resultado
  • Utiliza procedimientos como la autoevaluación y la coevaluación
  • Constituye un proceso continuo en el tiempo que favorece la consolidación de los objetivos de aprendizaje planteados
  • Mejora la calidad de la enseñanza al proponer criterios para la innovación y la mejora de la práctica docente

 

 

En no pocas ocasiones he oído que actualmente en los colegios, centros de formación, etc., se evalúa mucho.

En mi opinión, lo que sucede en realidad es que se examina mucho, pero se evalúa poco.

Por tanto, evaluemos más y examinemos menos.