¿UNA IMAGEN VALE MÁS QUE 1000 PALABRAS?

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Con muchos defensores y no pocos detractores, la modalidad e-learning se consolida día a día como una solución formativa con amplia implantación a nivel internacional. Son ya numerosas las escuelas que complementan sus clases con materiales y recursos adicionales a los que los alumnos pueden acceder a través de la red desde la comodidad de sus hogares.

Si bien es cierto que el e-learning por sí sólo puede no ser la opción idónea para alumnos con un bajo nivel de motivación o escasas habilidades organizativas, no podemos dejar de mencionar sus innumerables posibilidades.

Al contrario de lo que sucede en una clase presencial, el alumno e-learning puede confeccionar su propio horario con toda flexibilidad, eliminando además los costes de desplazamiento. Al no estar sujeto al programa del grupo, puede avanzar a su ritmo, asegurándose así una correcta asimilación de los temas estudiados.

Las plataformas de teleformación ofrecen, además, las herramientas necesarias para que el alumno pueda interactuar con el docente y con sus compañeros de forma síncrona (a través de la sala de chat) o asíncrona (correo y foros). Estas herramientas son especialmente útiles para aquellos alumnos cuya timidez les impediría plantear sus dudas en una clase presencial, ya que se sienten más cómodos al hacerlo desde el anonimato que les brinda la plataforma virtual.

Con todo, un buen contenido e-learning integrado en una plataforma navegable no garantiza unos resultados exitosos. Al contrario de lo que pueda parecer, el rol del docente en un curso e-learning es crucial y va mucho más allá de la mera selección y gestión de los recursos educativos.

Para que el grado de aprovechamiento de los alumnos sea óptimo, el docente debe incentivar la comunicación entre ellos para conseguir un nivel de cohesión en el grupo que, además de los logros individuales, haga posible el aprendizaje colectivo.

La interacción docente – alumnos es vital para evitar que el estudiante experimente sensación de aislamiento y se desmotive, siendo éste el mayor escollo ante el que podemos encontrarnos en las modalidades de formación no presencial.

Incluso entre quienes se declaran fervientes defensores del e-learning, surge la polémica en cuanto a cuál es la forma más idónea de presentar los contenidos al alumno. Los más conservadores  encuentran en el texto plano la mejor opción, por considerar que las animaciones y el sonido, lejos de contribuir a la correcta asimilación, distraen la atención del alumno obstaculizando su comprensión.

Como en tantos otros casos, probablemente el problema no está en las herramientas, sino en el uso que se haga de ellas. Un curso e-learning basado únicamente en texto plano puede resultar tedioso, mientras que un contenido atestado de animaciones, colores y sonidos probablemente afectará negativamente a la concentración del alumno.

En la presentación de un contenido, el cometido del avatar debe ser la del vehículo transmisor de un mensaje, al igual que lo es el ponente en una conferencia. Si el avatar cobra tanta relevancia en la presentación que desplaza la importancia del contenido convirtiéndose en el centro del mensaje, entonces habrá dejado de ser una herramienta útil para convertirse en un obstáculo.

Esto sucede a menudo con los avatares 3D, que alcanzan un nivel de realismo tal, que el estudiante se sorprende a sí mismo intentando localizar en ellos los pequeños detalles que delatan su naturaleza sintética, en lugar de centrar su atención en el mensaje que transmiten.

Según el artículo “The Benefits of Interactive Online Characters” escrito por Byron Reeves del centro para el estudio del lenguaje y la información de la Universidad de Stanford, el empleo de personajes virtuales con voz en el e-learning contribuye a generar una respuesta social positiva por parte del alumno, creando un entorno confortable para el aprendizaje.

Como muestra de todo lo comentado, dejemos que un avatar nos cuente el contenido de este artículo:

 

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